Mundial 2026: emociones, identidad y comunidad más allá del futbol
La Copa Mundial de Futbol 2026 ha despertado una intensa movilización emocional en millones de personas alrededor del mundo. Más allá de los resultados deportivos, el torneo se convierte en una experiencia colectiva capaz de generar sentimientos de identidad, pertenencia y comunidad, en medio de contextos políticos y sociales efervescentes.
Así lo explica el Mtro. Josué Hernández Ramírez, académico del Área de Reflexión Universitaria (ARU) de la IBERO Puebla, quien reflexionó sobre las emociones que acompañan el seguimiento de la Selección Mexicana y el fenómeno futbolístico en general en el contexto mexicano.
De acuerdo con el especialista, el futbol es un espacio donde convergen múltiples dimensiones sociales y culturales, entre ellas la circulación de afectos y emociones. La relación que muchas personas mantienen con la Selección Mexicana refleja esta complejidad: es posible cuestionar críticamente a las instituciones que gobiernan el futbol internacional o nacional y, al mismo tiempo, emocionarse con los triunfos del equipo que representa simbólicamente a una nación.
El académico señaló que la Selección funciona como un referente identitario que permite a amplios sectores de la población encontrar elementos en común. Aunque no todas las personas comparten la afición por este deporte, el Mundial crea espacios de convivencia donde familias, amistades, comunidades y centros de trabajo encuentran oportunidades para reunirse y compartir experiencias.
Uno de los elementos más relevantes del torneo es su capacidad para alterar temporalmente la rutina cotidiana. Durante varias semanas, los partidos, las conversaciones y las actividades relacionadas con el Mundial introducen una dinámica distinta en la vida diaria, generando una sensación de tiempo extraordinario que favorece la convivencia y la participación colectiva.
A ello se suma el papel de las aficiones, que forman parte fundamental de la experiencia mundialista. La afición mexicana, reconocida internacionalmente por su entusiasmo y presencia en los estadios, contribuye a fortalecer esta dimensión emocional del deporte. Al mismo tiempo, el Mundial pone en circulación expresiones culturales diversas que permiten observar distintas maneras de vivir y celebrar el futbol alrededor del mundo.
Sin embargo, el especialista destacó que esta experiencia no puede entenderse al margen de los intereses económicos que rodean al deporte profesional. La comercialización de mercancías, los derechos de transmisión y las estrategias de consumo forman parte de una industria global que convierte al futbol en un negocio de gran escala. A pesar de ello, persiste una dimensión popular profundamente arraigada en la historia del deporte.
Esa raíz comunitaria ayuda a explicar por qué el futbol continúa generando vínculos afectivos tan intensos. Su práctica tradicional requiere pocos recursos materiales y se construye a partir del encuentro entre personas, de la cooperación y de la participación colectiva. En ese sentido, el deporte sigue siendo una experiencia compartida que permite expresar emociones, fortalecer relaciones y construir comunidad.
Para el académico, comprender el fenómeno mundialista implica reconocer tanto sus dimensiones económicas como su capacidad para generar sentidos de pertenencia. Las emociones que despierta la Selección Mexicana, las celebraciones colectivas y el seguimiento del torneo forman parte de una experiencia social que conecta a millones de personas a través de afectos compartidos, identidades comunes y espacios de convivencia.
